Lorenzo Munguira: esta es mi historia

Historia

1ª PARTE DE MI HISTORIA Y 2ª PARTE DE LA DE MI PADRE.

Cuando se casó mi padre en segundas nupcias, fui a vivir a Castro Urdiales, al chalet Villa Maria Teresa.

Allí encontré, de lo que me puedo acordar, la única familia en la que he vivido.

Allí vivían, mi abuela adoptiva Salvadora, la única abuela que he conocido, y su única hija Maria Teresa, con la que se casó en segundas nupcias mi padre. Mi abuela era viuda y figuraba como una de las mujeres más rica de Castro Urdiales. También vivía allí la cocinera, Natividad Ilarza. Estas en primer lugar mi abuela y en segundo lugar Maria Teresa y Nati, fueron para mí tres madres.

También vivía la doncella que fue variable. Nati vivió en el chalet hasta su muerte. Había también un jardinero que iba un día a la semana. Creo recordar que se llamaba Baldomero Prado.

En esta casa aprendí el saber estar en sociedad y principios católicos profundísimos.

Ya con más de tres años, esto lo recuerdo vagamente, me hicieron una silla especial muy estrecha para llegar a comer en la mesa con los mayores. Aprendí por donde se servia, por donde se sacaban los platos usados. A manejar los cubiertos de carne, de pescado, etc.… Lo único que no podía hacer, era servirme de la fuente y me servia la doncella o uno de los familiares.

Referente a la religión, sigo creyendo en un ser superior y lo único que no asimilé son los ritos externos. Me voy a explicar.

Por las tardes en frente del chalet había una iglesia. Estaba la iglesia de San Francisco, y a las 6 de la tarde me llevaban a rezar el rosario, y aquello para mi era un suplicio, porque las normas de educación me impedían correr por la iglesia.

Creo que es interesante que hable de aquella iglesia de San Francisco. La recuerdo como de estilo románico y empezaba donde está hoy en día una gasolinera y llegaba hasta el restaurante de “Belmonte” que había en la calle siguiente. La fachada izquierda de la iglesia daba totalmente a la calle actual de San Francisco. Estoy hablando del año 36-37, teniendo yo cuatro o cinco años.

Esta iglesia fue destruida durante la guerra civil. Y aquí viene lo curioso de esta destrucción. Nunca he vuelto a oír hablar de la iglesia de San Francisco en toda mi vida ni he visto una fotografía de ella. Es como si quisiera el pueblo echar un telón sobre lo que pasó. De aquella época existen fotografías hechas por el fotógrafo Bouzas de otros lugares pero no de la iglesia. Si existen habrán sido destruidas. Desde luego yo no las he conocido.

Es evidente que si yo me acuerdo con cinco años, tiene que haber mucha gente en Castro que la habría visto como yo.

Del año 36 al 39 recuerdo las sirenas que anunciaban la llegada de aviones enemigos. Bajábamos corriendo al sótano del chalet y creo que nunca llegó a caer ninguna bomba en Castro. Todas fueron falsas alarmas.

Es muy difícil saber lo que pasó, porque a partir del año 39 informaban de lo que habían hecho los perdedores, y de las cosas que me llamaron la atención fueron que mataron ahogándolos, a 5 curas del colegio Barquín en la punta del muelle nuevo, o muelle de Don Luís. De lo que hicieron los vencedores no se nada excepto que parece ser hubo una especie de prisión en el edificio del faro de Castro.

También recuerdo que los domingos los falangistas hacían una especie de instrucción militar en el frontón de tenis de Castro Urdiales. Entre los que hacían desfilar estaba mi padre, quizás por ser sobrino de su tío farmacéutico Fermín Munguira que era considerado republicano. O sea, hacían desfilar a aquellos que tenían cierta relevancia en el pueblo pero que eran de tendencia dudosa políticamente. Esto lo recuerdo como una cosa ridícula. En el 39 yo tenía 7 años.

Esto debió tener su trascendencia, porque mi padre fue alcalde de Castro Urdiales y fue el primero en España que no fue jefe del movimiento, y solamente fue alcalde. Posteriormente oí que hubo otros en las mismas circunstancias, uno de ellos en Valencia. Mi padre hizo un trato para ser alcalde durante dos años sin ser jefe provincial del movimiento. Según me dijo, le amenazaron con que tendría que vivir fuera de Castro si no aceptaba ser jefe del movimiento. Por fin esto se arregló y aceptaron. Mi padre en las procesiones en vez de vestir la camisa falangista, el iba siempre vestido con chaqué y sombrero de copa. De esto tengo fotografías.

Pasados los dos años del trato, para dejar de ser alcalde tuvo que pedir recomendaciones y uno de los que intervino fue un amigo suyo magistrado de trabajo en Vitoria, Don Salvador García del Diestro, hombre muy conocido en Vitoria y que tiene una calle con su nombre. A mi personalmente, nunca me benefició en nada que mi padre renunciase a ser alcalde, pues aun en el año 60 mandaba mucho la falange.

Otra cosa simpática que recuerdo es que cuando las tropas Asturianas se retiraban del frente de Bilbao, cuando pasaban por Castro, estaba yo en la verja del chalet, y un miliciano me llamó, abrió la verja del chalet y me regaló una tortuga, y esta vivió en el chalet hasta que al venderlo lo destruyeron para hacer un bloque de viviendas. Desaparecía los inviernos y volvía a aparecer en primavera. Es lógico que ese tiempo estuviera invernando bajo tierra. La recuerdo tan bien, porque cuando aparecía, yo jugaba con ella.

También recuerdo que un día cuando volvía del colegio a casa a comer, por la calle de la Ronda vi mucha gente y era que estaban poniendo la primera piedra de la Iglesia nueva de Castro, alrededor de la cual todos los terrenos de alrededor eran campo, hoy en día está todo construido. Supongo que esta iglesia la construyeron porque como he comentado había desaparecido la iglesia de San Francisco.

Recuerdo las cartillas de racionamiento, que creo que fueron a partir de año 39. Daban derecho a unos moldes que se llamaban de pan, que eran incomibles. Había que cortarlos en rodajas y meterlos un rato en el horno.

Mi padre cuando visitaba a algún aldeano de los alrededores en vez de cobrar dinero le solían dar un kilo de alubias o cosas parecidas.

También recuerdo que en el 39 el aceite era uno de los bienes que mas escaseaba y los cupos que daban eran principalmente para la industria de las conservas. Mi padre era médico de Ramón Peña, un conservero que tenía la fábrica al otro lado de la plaza del mercado, en frente del chalet nuestro, y alguna noche llevaron una lata de aceite al chalet y aquello era como de una novela de la mafia. Había que mirar en todas direcciones, para que nadie viese que de la fábrica había salido una lata de aceite aunque fuese para regalar, como en este caso. Era no se si de película cómica o trágica, pero la realidad es que existía un control que impedía el estraperlo totalmente.

Tanto es así que las latas de anchoas en aceite se llenaban totalmente de anchoas, y se echaba el mínimo aceite posible para que se pudiesen comercializar a un precio asequible. La anchoa era baratísima y el aceite solo se podía conseguir por cupos.

Posteriormente fue al revés. Como la anchoa era más cara, se ponían las anchoas con la mayor cantidad posible de aceite.

En la familia de la única abuela que conocí había un personaje curioso, su hermano Antonio Ibáñez, que se separó de su mujer al año y medio de casarse. Creo que su mujer se apellidaba Portillo. Este hermano tuvo una vida curiosísima que igual no la saben ni sus cuatro nietos. Fue socio del rey Carol de Rumania en una empresa naviera, que sepa yo.

Debió vivir una vida alucinante por Europa como hombre importante que era. En la segunda guerra mundial, me contó él, se le hundieron dos grandes barcos de transporte y ahí comenzó su debacle financiera, pues ninguno de los dos barcos estaba asegurado.

Esto me lo contó cuando regresó a Castro Urdiales a casa del hijo, cuando se arruinó, y solía ir por las tardes al chalet de mi abuela, para hablar con ella y con el resto de la familia que se reunía allí.

Su hijo Jesús y esto va también para la historia de Castro, era un gran cazador, y me enseñó como saber donde había liebres en el monte Cotolino. En la hierba quedaban señales de donde habían dormido. En el año 40 se podían cazar liebres en el monte Cotolino. Me dejó una escopeta de aire comprimido y recuerdo una vez que tiré un tiro a un pajarillo que estaba en un poste eléctrico, y casi le seccione el cuello con el perdigón, de esto me acuerdo perfectamente por la impresión que me hizo y el orgullo de haberlo cazado.

A la petición de mano de su futura mujer Blanquita Barcena me llevaron con toda la familia.

También tuvo una hermana, mi abuela, casada con un militar apellidado Bustamante que era de Liébana.

Me acuerdo de todos estos datos porque esa fue para mi, mi familia. Tuvieron un hijo, Antonio, dentista y dos hijas una Fidela casada con un farmacéutico de Santander apellidado Breñosa y otra Teresa que vivió con los padres hasta que murieron.

Otro personaje singular que nació en Castro fue un señor apellidado Sota. Que tenía el título de Sir concedido por la Reina de Inglaterra. Creo que es el único título de Sir que ostenta una persona nacida en la península ibérica. Su negocio eran las navieras. Fue un personaje histórico también para el pueblo bilbaíno, porque fue el principal financiero de Sabino Arana.

Cuando nació Sota, Castro Urdiales pertenecía a Vizcaya y se separó de ella por voluntad del ayuntamiento de Castro. Se dice que fue porque en Madrid daban más importancia al puerto de Bilbao que al de Castro.

Posteriormente, se hizo un referéndum para que Castro volviese a Vizcaya, que se perdió y parece ser que influyó el entonces ministro de la guerra: Martínez Anido, que parece ser estaba muy enamorado de una preciosidad apellidada Villota, y que le dijo, que no la volvería a ver si Castro se separaba de Santander.

Todos estos datos me los dio una de las personas más conocidas de Castro, como fue Ángel Iriberri.

Este Ángel Iriberri, conocido por “el Tata”, era hijo del que fue chofer del Sir de la Sota. Y estaba casado con una señora de Mondragón que tenía una peluquería en el parque y se llamaba peluquería Mari Cruz.

Cuando hablando con Eli Galdos, le dije que Sir de la Sota había nacido en castro Urdiales, me dijo que no podía ser. Se lo dije a Iriberri y comenzamos a buscar la partida de nacimiento de Sir de la Sota. La localizamos en un convento de Cantabria y efectivamente había nacido en Castro Urdiales. Los archivos de Castro habían desaparecido durante la guerra civil.

Como el referéndum se perdió para la vuelta a la anexión con Vizcaya, Sota se marchó de Castro a vivir a Bilbao, llevando sus múltiples negocios, entre ellos la muy conocida todavía naviera Sota y Aznar.

Iriberri y yo, oímos que de las muchas propiedades que tenía en Castro, los herederos de Sota se querían deshacer de ellas, entre ellas la casa donde nació Sota, que está en los “chelines”. Para ello fuimos a Bilbao a hablar con el más representativo de los herederos de Sota. Recuerdo que tenía un despacho muy grande que estaba encima de la ría de Bilbao, en la margen enfrente del ayuntamiento.

La idea que tenía Ángel, era en primer lugar la ilusión de Iriberri de montar un batxoki en la planta baja del inmueble.

Hablamos con el heredero de Sota, le expusimos nuestra idea, y nos mando a hablar con su representante que era el alcalde de Laredo y jefe provincial del movimiento.

Esta gestión, como le conocía, la hice yo y fui con mi mujer a Laredo. Hablamos con él, que si lo sacaban a subasta queríamos participar y que si no lo sacaban, que nos dijese el precio de venta. Me dijo que nosotros queríamos comprar eso para hacer negocio y yo siendo tan inteligente un alcalde, no me explico como no sabía que cuando se compra algo es por algo, bien sea vivir en él, bien sea como en este caso mantener el edificio histórico con otra finalidad. En resumen le dije a mi mujer “vámonos que aquí no se puede hablar”. Se lo conté a Ángel en cuanto llegue a Castro. Las ideas que tenía el bisabuelo del Sota con el que hablamos, no correspondían con las de este y mucho menos con las de su representante, el alcalde de Laredo, hasta casi podríamos decir que le molesto la idea de que hiciéramos un batxoki en los bajos de dicho edificio.

De la conversación con Sota no tengo ningún testigo porque Ángel desgraciadamente ha muerto, y de las mantenidas con el alcalde de Laredo, está de testigo mi mujer, que creo que lo recordará. O como otra anécdota, es que cuando nació Ángel Iriberri, ya se había marchado Sota a Bilbao, y su chofer vivía en aquella casa, que es donde nació Ángel Iribarri, y me comento que probablemente él nació en la misma habitación en la que nació De la Sota. Ángel se llevó un gran disgusto porque creo que hasta había buscado créditos para poder comprar esa casa.

El siglo pasado en Castro tuvo una bonita pasión que yo también compartía, la pasión por la trainera de Castro Urdiales, llamada “La Marinera. Solamente conseguimos en una ocasión que yo recuerde, el cuarto puesto en la regata de la Concha. Y conseguimos dicho cuarto puesto porque ganamos la regata de consolación y al sumar los tiempos de las dos regatas, quedamos cuartos. El patrón de aquella tripulación era de Castro y su hijo fue administrador del club náutico de Castro. Tenía un apellido vasco que no recuerdo cual era. Tuvimos tres patrones nacidos en Orio, creo recordar. Y en otra ocasión ganamos el primer campeonato de España de Bateles que se celebró en el estanque del retiro de Madrid, siendo patrón “Pibo” y también remaban que recuerde yo; Manolo Delfín, Juaico y otros que no recuerdo. A parte de otros campeonatos de bateles ganamos algún campeonato de España de trainerillas. El primero fue en Portugalete, en la ría y no recuerdo más sitios. También ganamos muchas banderas, pero en la concha no logramos nada hasta el siglo XXI. Con el tercer patrón apellidado Corta, ganamos la regata de la concha en 2001 y 2002 y posteriormente otra y quizá no ganamos otra más por el temporal que inundó casi todas las embarcaciones, y que en apariencia ganó Pedreña pero que finalmente se la dieron a otra tripulación. El presidente de Cantabria tomaba partido por otra tripulación y por las anchoas que se hacían en Santoña, y olvidaba a Castro.

Castro en estas regatas de la Concha, creo recordar que en el escudo de las ciudades que representaban las traineras, era el único que tenía el árbol de Gerníca. Cuando hubo discusiones de cantabros y vascos nadie recordaba este detalle. El árbol de Gerníca estaba en el escudo de Castro, porque Castro había pertenecido a Vizcaya hasta que se separó. Y cuando Alfonso XXIII le dio a Castro el título de ciudad estaba el árbol de Gerníca en el escudo, y cuando Franco pernoctaba en el Azor en el puerto de Castro, durante varios años consecutivos, también estaba. El árbol de Gerníca es propiedad del escudo de Castro y con todos los derechos, y no una decisión de ningún ayuntamiento, porque cuando se puso ese árbol de Gerníca, Castro tenía tanto derecho a él como Bilbao. Hay no hubo ningún tipo de política, lo mismo que tampoco hubo política para que figurara la ballena en el escudo de Castro, porque era junto con los puertos Guipuzcoanos pescador de ballenas. Nadie nos regaló nada, era de derecho de Castro el árbol de Gerníca, la ballena y demás representaciones del escudo de Castro. No influyó ningún tipo de política rastrera.

No conozco ningún escudo en toda España que quiera borrar sus emblemas ganados históricamente por la ciudad.

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